Mirando al hombre que había entrado a la casita, Nayara sostenida por Aarón no podía dejar de mirarlo. Parecía un buen hombre a pesar de lo bien vestido que iba porque en la pequeña mente de Nayara, todas las personas que iban tan bien vestidas como él no podían ser buenas. Solían ser despiadados, tan despiadadas, siempre pensaban que el mundo estaba hecho sólo para ellos. Si la pequeña Nayara supiera que él era su padre.
¿Qué decir de la mujer que tenía delante? ¿Qué decir de su corazón? Amber