~HARPER SULLIVAN~
Habían pasado dos días.
Dos días enteros desde que tuve aquel último enfrentamiento con Cole, y de alguna manera me las había arreglado para no verlo ni cruzarme con él. No fue difícil: bastó con levantarme antes que todos, moverme en silencio por la casa todavía adormecida, bajar a la cocina mucho antes de qu las chicas entraran a encender los fogones y tomar algo simple —un poco de fruta, pan, queso— antes de desaparecer.
Me había convertido en una sombra, en un fantasma de la casa.
Durante las dos mañanas repetí el mismo ritual. Salía de la casa sin que nadie me viera y caminaba hasta ese punto alejado de todo y de todos que había descubierto casi por accidente: al pie de un enorme eucalipto, tan alto que parecía tocar el cielo del outback, con el tronco ancho y retorcido, como si hubiera visto pasar demasiadas vidas y secretos. Allí, sobre un pequeño montículo de grama seca, me sentaba con la espalda apoyada en la corteza áspera y dejaba que el silencio me en