ISOLDE
No bromeaba.
El Señor de lo Ennegrecido nunca lo hacía, y sus palabras frías y oscuras se hundieron en mí, la intensidad de su verdad provocando que la piel se me pusiera de gallina.
Mis ojos cayeron a mis manos encallecidas.
Poderes.
Mi madre era una Luminar, pero ninguno de sus dones me había sido transmitido. Todos los años de mi vida habían estado llenos de sufrimiento por esta misma razón.
Era una decepción.
La gente de Crestablanca odiaba que una debilidad como yo les hubiera priva