ELAXI
Mi miedo se erosiona con la sola presencia de Ozzian, su pecho sube y baja, veo que trae puesta la misma ropa con la que lo vi de soslayo, por uno de los pasillos de la universidad. Gabriel se pone de pie al mismo tiempo que se limpia la sangre que brota de su boca, con el pulgar.
—No te rindes, ¿cierto, Ozzian? —escupe sangre.
—Creí que te había dejado claro que no te acercaras a Ela —cierra y abre los puños como si se estuviera preparando para la guerra.
—¡El gran Ozzian ha vuelto! —exc