OZZIAN
No dejo de mirar en dirección a la ventana, cuento los minutos desde que Ian salió de la casa con un plato de comida, puedo ser todo, pero no soy tan hijo de puta como para dejar a la deriva a Elaxi, después de todo, ella es quien parece que se niega a dejarme ir, la vi en la universidad hablando con Gabriel, cuando estaba en el campo de futbol entrenando.
De pronto, las voces inconexas de las demás chicas pasaron a un segundo plano en cuanto los enfoqué, él la veía con ojos de deseo, sentí que la sangre me hervía y les lancé un balón, no me importo que siquiera ella no lo esquivara, lo único que deseaba en esos momentos, era separarlos y hacer que Gabriel dejara de verla como un bocadillo.
Parece que tendré que hacer que entienda por las malas, que tiene que alejarse de ella. Ya no tengo el derecho de pedírselo, pero, aun así, me molesta que, ahora que todo el mundo sabe que ya no estamos juntos, la aborden pensando que ella les puede abrir las piernas.
—¿Por qué lo hiciste?
L