Alessandro tenía el arma apuntando directamente al pecho de Enzo. Su mano no temblaba.
—Bájala —ordenó Morales, sacando su propia arma—. Ahora.
—No creo que lo haga. —Alessandro no apartó la mirada de Enzo—. No hasta que él responda algunas preguntas.
—¿Qué preguntas? —La voz de Enzo era calmada, pero Valeria podía ver tensión en cada músculo de su cuerpo—. Si vas a matarme, al menos dime por qué.
—Isabella. Tu Isabella. Mi prima. La mujer que murió en ese accidente hace cuatro años. —Alessandro