215. Protegida por Ester
Ester
La celda en la mansión de Mason era fría y opresiva, cada piedra de las paredes parecía cargada de dolor y desesperación. Estábamos amontonados en el espacio estrecho, prisioneros de un hombre cuyos deseos de poder superaban cualquier límite de moralidad. Yo observaba a los otros detenidos, compartiendo la misma miseria, tratando de mantener la esperanza viva, aunque la realidad insistiera en arrancárnosla. Era una constante batalla para no ceder al miedo y a la desesperanza.
La puerta de