El jet privado aterrizó minutos después. Dante se desabrochó el cinturón y dirigió la mirada a Chloe; se había quedado profundamente dormida.
- Chloe, llegamos -la llamó en voz baja, pero ella ni siquiera se movió.
Dante sonrió de lado. Estaba agotada después de esa intensa ronda de sexo. Le soltó el cinturón de seguridad y la cargó en sus brazos para bajar con ella.
Las azafatas no pudieron evitar sonrojarse al ver cómo el imponente Dante Montenegro llevaba a su esposa en brazos hasta el coche