Dante besaba los muslos de Chloe con devoción. Llevaban una hora en la recámara y no tenían intención de salir, enfocados únicamente en disfrutar ese momento juntos.
- Dante -soltó Chloe entre risas y jadeos. Aunque le gustaba que estuviera tan cariñoso, todavía se sentía algo avergonzada.
Dante se acomodó entre sus piernas y la miró a los ojos mientras sonreía. Ella se veía muy bien en ese momento, con las mejillas rojas y los ojos brillantes.
- Eres mía, Chloe -le dijo él con voz firme.
Chloe