CAPITULO 34

Luego de haber sofocado el inmenso ardor que me provocaba Camile, bajé a la cocina por un poco de beber. Dormir en la habitación contigua y no poder siquiera asomarme a verla, me estaba matando.

Abrí la nevera, y me serví un poco de leche. Me senté en una de las butacas y recosté mis brazos sobre el desayunador.

Bebí despacio, pensando en la mejor manera de aclarar las cosas con esa bruja que me atormentaba desde el primer d&iacut

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