CAPITULO 38

CAMILE

Desperté aturdida, por el intenso y desagradable olor a humedad. A duras penas, mis párpados se fueron abriendo, viendo todo borroso. Mis músculos seguían entumecidos, sin poder moverlos y respiraba agitadamente. Transcurrido un determinado tiempo, intenté mover mis manos dándome cuenta de que estaban amarradas a mi espalda, lo mismo que mis tobillos.

Miré alrededor y lo único que me dejaba visualiza

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