CAPITULO 38

CAMILE

Desperté aturdida, por el intenso y desagradable olor a humedad. A duras penas, mis párpados se fueron abriendo, viendo todo borroso. Mis músculos seguían entumecidos, sin poder moverlos y respiraba agitadamente. Transcurrido un determinado tiempo, intenté mover mis manos dándome cuenta de que estaban amarradas a mi espalda, lo mismo que mis tobillos.

Miré alrededor y lo único que me dejaba visualizar la estancia, era el rayo de luz que ingresaba por un pequeño hueco hecho arriba, casi llegando al techo del diminuto cuarto cubierto de moho. Era una habitación de más o menos tres metros cuadrados, sin ventana, con el piso maltratado, y las paredes blancas y sucias. Una puerta de madera vieja, era la única salida que al parecer, tenía ese horrible sitio.

Después de varios intentos vanos por ponerme de pie, caí derrotada en el suelo mient

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