Capítulo 14; Los ojos, las ventanas del alma.
—¿Cómo te atreviste a arrebatarle el contrato a mi padre?—preguntó indignada.
—No le arrebaté nada, solo presenté una propuesta y fue aceptada.
—¡Muy fácil lavarte las manos de esa manera!, ?cómo pretendes que te pague, si no le das la oportunidad de trabajar?
—Ése es su problema, Victoria.
—¡Eres un bestia!—le dijo furiosa— ¡Lo estás presionando demasiado y mi padre está enfermando!, ¡Por Dios, ten piedad!, ¿Qué es lo que te hemos hecho?—preguntó con las lágrimas bailando en sus ojos.