Dante llegó a la mansión a primera hora de la mañana, y vio que todos se habían reunido ya en la mesa del comedor para desayunar juntos. Dante se detuvo un momento, suspiró lentamente y miró hacia Serafina, que estaba sentada de espaldas a él, que aún se encontraba en la puerta de la mansión. Poco después, Dante se acercó a Serafina y le dio un beso en la mejilla.
“¿Dante?” Serafina, sorprendida por aquel beso inesperado, se giró inmediatamente y vio a Dante allí, esbozando una pequeña sonrisa.