Serafina se despertó en una habitación completamente silenciosa. Solo estaba Lalita, dormida en el sofá en una postura incómoda. En la frente de Serafina tenía un paño húmedo, que solía usarse para bajar la fiebre. Serafina se quitó el paño húmedo y lo dejó sobre la mesita junto a la cama, y luego suspiró.
“¿Dónde está Dante?” Murmuró Serafina preguntándose a sí misma.
Aún le daba vueltas la cabeza tras haber dormido durante bastante tiempo, y ni siquiera sabía cuánto tiempo había estado dormid