Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl aire salino del puerto de Palamidi no lograba enfriar la sangre de Maya. Caminaba tan rápido que sus sandalias golpeaban las piedras con un ritmo errático, igual que su corazón. Escuchó el motor de la camioneta rugir a sus espaldas antes de que los frenos chirriaran justo a su lado.
—¡Maya, detente ahora mismo! —la voz de Connor no era una petición, era un rugido de mando que hizo que







