Hablando del diablo y él que asoma sus narices, Ilán se encontraba de pie en la entrada de mi oficina mientras me miraba como si pidiera permiso para entrar.
— Vas a echar raíces ahí, pasa si es lo que quieres — me di vuelta en mi silla — la vista es hermosa, ven aquí para que la veas.
Ilán entró en la oficina y se sentó a mi lado, sus dedos se entrelazaron con los míos y apoyé mi cabeza en su brazo.
— Por cierto, quería hablar contigo de la psicóloga que te está atendiendo — pude sentir que se