- ¡Adelante, pasa! – Dijo Massimo al escuchar la voz de su primogénito.
- Padre… ¿Cómo has estado? – Dijo Luciano entrando al estudio.
No cabía duda, Luciano era todo su reflejo, siempre caminando erguido y orgulloso, siempre cuidando su aspecto, Massimo le vio y no pudo evitar suspirar, él quería que su destino fuera más benévolo que él suyo, pero al recordar lo influenciado que estaba por los Amato, dejaba esas ideas a un lado, él era consciente de que su hijo no era una buena persona, de eso