Aldo y Paloma desayunaban en casa, él podía ver cómo poco a poco era más evidente aquella hermosa pancita.
De repente, se sentía intimidado por el carácter tan característico de quien sería su suegro, si bien, en el pasado habían convivido, la situación era diferente, ya que prácticamente él era un joven hambriento de conocimientos y Marcó era el dueño del grupo Pellegrini.
Hoy día, Marco no era su jefe, era su suegro, un padre celoso y preocupado, era evidente, su hija, su primera hija de buena