Mientras Marco se enteraba de que el Alberto Priego había fallecido.
Caterina caminaba hacia su habitación con la urna que, sostenía las cenizas de aquel que fuera su último amor.
Pietro, por su lado, estaba recostado en la cama, acariciando el cabello de Guadalupe. Había visto que eso le permitía relajarse y, por fin, dormir, por lo que no quiso moverse ni un centímetro. Finalmente, ambos sucumbieron ante el sueño y pudieron descansar.
La abuela Caterina entró a su habitación y colocó la urn