Gio había invitado muchas veces a Enzo a su casa, pero su abuelo, le había puesto una condición, si él quería visitar a un amigo, debía llevar un obsequio, por lo que debía ahorrar sus domingos para poder comprar algo que le pudiera gustar a la familia que visitaba. Increíblemente su abuelo podría comprarle el regalo sin ningún problema, pero ahí radicaba la situación, Pietro no quería criar a un niño mimado y altanero, por lo que el esfuerzo debía venir desde su propio bolsillo.
Tuvieron que pa