Tal como Paloma lo había dicho, Laura tenía mucho en qué pensar y cómo debía pensar, si el padre de su hija, ahora trabajaba en la recién creada compañía de su padre, tío y amigos de su tío.
Uno de los tantos días que Laura fue a ver a su padre, se topó con la noticia de que el chico ahora era mano derecha de Magnus, su abuelo. Este, con suma paciencia, le explicaba los pormenores de un contrato y el joven atentó hacia sus notas y daba sus opiniones.
Por su parte, Laura, al verlo, se sorprendió,