Luego de un largo viaje, Caterina por fin llego a casa, en sus brazos llevaba lo único que quedo su nieto menor. El semblante de la mujer estaba desencajado, se veía cansada, se notaba que estuvo llorando por largo tiempo, no podía creer que hace tan solo dos días le había visto.
Tal como lo dijo, ella se llevó las cenizas de Pietro, ahora ella cuidaría de estas como su mayor tesoro, no habría el funeral pomposo que planeaban hacer, solo vendría él mismo padre que fue cuando Alberto, luego esas