- ¡Massimo por favor, no me quites a mi hija! ¡Por favor!
Massimo despertó de pronto de su breve descanso y fue directo a tomar la mano de su esposa para despertarla, al parecer tenía una pesadilla.
- ¡Guadalupe, despierta! ¡Tranquila, despierta, todo está bien! – Dijo mientras trataba de moverla sutilmente.
Ella abrió los ojos y lo miró con recelo, no se dio cuenta de que estaba hablando dormida, una lágrima salía del rabillo de su ojo.
- ¿Qué haces tú aquí? ¿No fui clara? ¡No quiero que me cui