Marco terminó su segunda taza de café ante la mirada atónita de Greta, él se encontraba muy tranquilo y la chica, estaba nerviosa de lo que sucedería, el señor Pellegrini realmente se veía molesto, muy molesto.
- Bien, Greta. ¡Vamos! - Dijo Marco con mucha tranquilidad.
- ¡Sí señor!
Ambos salieron de su oficina, Marco cerró la puerta, él había cambiado todo en aquel lugar, incluso hasta el acceso a su oficina debía ser solo de personal autorizado.
- ¿Se puede?
- ¡Adelante! ¡Pasa Marco! – Dijo Ma