Después de una amena cena, la temperatura comenzó a bajar, por lo que los cinco entraron a la mansión, Leopoldo ya había solicitado que les sirvieran café en la sala.
Guadalupe, al revelar que estaba embarazada, ya no tenía motivos para qué ocultar sus antojos, por lo que rechazó el café y pidió un vaso con leche y una rebanada de pastel, no importaba el sabor, solo quería saborear algo dulce y delicioso.
Guadalupe tomó asiento en el amplio sillón de la sala, Alberto se sentó de un lado y Pietro