Mientras todo eso ocurría en Lazio, en La Toscana, Aurora acompañaba a Guadalupe al auto, Leopoldo subía una pequeña maleta a la cajuela y salían con rumbo a la clínica “Di Santa Rosa”.
Cuando llegaron ahí, era un edificio blanco rodeado de jardines.
El lugar tenía un aura de tranquilidad, era un lugar muy exclusivo. La doctora Serra ya las esperaba en la puerta para darle la bienvenida a Guadalupe.
- ¡Hola, Guadalupe! Me da gusto que hayas aceptado venir, sé que te podremos ayudar mucho aquí.