Massimo y Pietro entraron a la oficina de la Dra. Serra, la mujer al ver al par de hermanos sintió un alivio, ella sabía que el hombre no tenía nada fácil su situación y aunque dudaba un poco, realmente le interesaba estudiar al hombre, había pasado, por tanto, y no podía creer que aún siguiera de pie.
— ¡Bienvenido, Señor Pellegrini! ¿Cómo se encuentra usted el día de hoy?
— Hola, doctora Serra, todo bien, tranquilo, supongo.
— Doctora Serra, no le crea, este hombre necesita ayuda y es urgente,