Capítulo 5

En cuanto David salió Gertrudis no tardó en entrar, ansiosa por saber lo que habría pasado.

― ¿Qué dijo? ―Preguntó apresuradamente a su amiga que se veía pensativa.

―Que lo va a pensar ―Respondió Catalina suspirando.

― ¿Crees que acepte? ―Dudó Gertrudis.

― No lo sé ―Respondió Catalina preocupada de que rechazara su oferta y deseando con todo su ser que aceptara.

Por otro lado, David fue directamente hasta su camarote en donde su amigo Fernando lo esperaba.

― ¿Y bien? ―Preguntó Fernando levantándose del sillón inquieto de que se tratara de algo malo y él le contó todo con detalle. ― Daysi es de armas tomar

― ¿Será cierto que fue a hablar con la reina? ¿Crees que sea capaz? ―Dudó David sentándose frente a su amigo.

― Sí, lo es ―Afirmó Fernando ya que en algún momento había tratado con ella y sabía de su carácter difícil. ― ¿Entonces aceptarás la propuesta de la señorita Alcalá?

― No lo sé ―Respondió David sin estar seguro de que hacer.

― Podemos investigarla si tu quieres ―Ofreció su amigo.

― ¿Cómo? ―Preguntó David sin comprender.

― Las señoras saben de estas cosas, puedo preguntar o mandar a preguntar si tu quieres ―Explicó Fernando.

― Sí, pregunta por favor. Quiero saber más sobre ella ―Aceptó David. La realidad es que la chica linda del vagón del tren, Catalina, le intrigaba muchísimo. Pero también quería saber si lo que la condesa había hecho era cierto.

David pensó en eso todo el día, aunque trató de concentrarse en los negocios que tenía era difícil con una propuesta de ese tipo en la cabeza y una amenaza tan… complicada. Al otro día en la mañana se encontró su amigo en el salón privado que tenían para las comidas, ya todo se encontraba listo para desayunar.

― Buenos días amigo, ¿Qué supiste? ―Preguntó mientras tomaba asiendo

― Buenos días, pues Catalina Alcalá de la Alameda es la única nieta de Isidora Ortigoza viuda de Alcalá de la Alameda. Su padre era médico y su madre enfermera. Ambos murieron hace un par de meses en un accidente de carruaje. Vivían en un pueblo llamado San Luis y ella estudiaba medicina en la escuela de esta misma ciudad. Estaba de vacaciones cuando la tragedia sucedió. Su abuela es una mujer muy difícil de tratar, pero ella es muy brillante, la mejor de su clase. Ha suspendido este tiempo por luto. Tuvo de pretendiente al jugador Manuel Palacios ―

― ¿El futbolista? ―Preguntó David sorprendido.

― El mismo, pero lo rechazó hace algunos años, se dice que son amigos actualmente. Él la visitó para darle sus condolencias ―Contestó Fernando.

― ¿Por qué no se comprometió con él? ―Cuestionó David sin comprender mientras se servía café.

― Nadie sabe, es un partido excelente para cualquier dama de sociedad y joven. Al parecer sus padres y ella vivían alejados de su abuela porque ella nunca aprobó el matrimonio entre su padre, que era adinerado, y su madre que… pues no tenía dinero ― Respondió Fernando mientras se servía pan con mermelada.

― Comprendo ―Asintió David después de tomar un sorbo de café.

― Pero ahora ella vive en esta ciudad con su abuela ya que ella se quedó con todos sus bienes por la falta de testamento de sus padres ―Explicó su amigo.

― Gracias, Fernando ―Asintió David.

― Supongo que vas a rechazar su propuesta ― Concluyó Fernando.

― No, voy a aceptar ―Respondió David.

― ¿Porqué? ―Se sorprendió Fernando.

― Ella no parece tener segundas intenciones ocultas, creo que fue sincera a que solo quiere terminar de estudiar. Y es verdad que de esa manera me libraría de Daysi ―Explicó David serenamente y es que lo había pensado largamente y no le veía inconvenientes al plan. Él podía seguir su… estilo de vida, librarse de la condesa y como extra pasar tiempo con una chica linda y que lo llenaba de curiosidad.

Es decir, ¿estudiaba medicina? Era realmente inusual que una mujer estudiara esa carrera y mucho más que estuviera dispuesta a dejar todas las comodidades de la clase alta por trabajar curando gente enferma. Sin contar que era la mejor de su clase, significaba que era muy inteligente. Le intrigaba mucho… demasiado en realidad.

― Piénsalo bien amigo ―Le advirtió Fernando mirándolo seriamente ―Esto no es un juego.

― Lo he pensado, y aceptaré ―Confirmó David totalmente convencido.

― ¿No será porque la chica te agradó desde el tren? ―Quiso saber su amigo preocupado de que se tratara de otra aventura de su amigo.

― Bueno, en ese entonces pudo pasar desapercibida, pero es interesante ver una mujer valiente, decidida e inteligente de cerca ―Sonrió David.

― ¿Qué tan cerca? ―Sospechó Fernando que tenía razón y se trataba de otra aventura para su amigo.

― Al menos convivir con ella mientras pretendemos ser prometidos ―Explicó David quitándole importancia.

― Igual ten cuidado, David ―Le volvió a advertir su amigo muy seriamente.

― Lo tendré ―Asintió David comenzando a desayunar.

La noche anterior Catalina apenas pudo dormir y cuando llegó a la biblioteca David ya la esperaba, lo que la sorprendió enormemente.

― Buenos días, señorita Catalina, en el supuesto que acepte ¿Qué explicación vamos a dar? ―Preguntó él en cuanto la vio entrar.

― Buenos días señor Leblanc, diremos que nos conocimos en este barco y que convivimos en todo este tiempo de viaje lo suficiente para aceptar casarnos ya que a usted no le molesta que yo estudie y a mí no me molesta su pasado ―Respondió ella.

― ¿Mi pasado? ―Preguntó entre sorprendido y ofendido.

― Así es, entre las mujeres se habla de usted y su larga lista de conquistas, a muchas les molesta por las posibles comparaciones ―Explicó ella sin tomar en cuenta que se había ofendido.

― Comprendo ―Dijo él carraspeando un poco sin haber imaginado esa respuesta ―¿y mientras pretendamos estar comprometidos la lista podrá crecer?

― Sin ningún problema de mi parte, siempre y cuando usted sea discreto. Mi abuela jamás creerá que es real el compromiso si yo perdonase algo que es evidente ante todos. Debe haber mucha discreción de parte suya ―Le pidió ella seriamente.

― Pero supongo que deberemos convivir ―Dijo él dando un paso hacia ella.

― Bueno ―Respondió ella mirando sus manos nerviosas por la sorpresiva cercanía ―usted deberá conocer a mi abuela y visitarnos para cenar alguna vez. Cuando yo regrese a la escuela casi no estaré disponible. Así que podremos escribirnos cartas de vez en cuando.

― ¿Y si nos manda a traer el rey o la reina? ―Preguntó él mirándola fijamente, especialmente su sonrojo. Le parecía fascinante.

― Hablaremos con ellos sin problema pretendiendo que tenemos planes a futuro para que sea más creíble ―Respondió ella mirando hacia otro lado aun nerviosa.

― ¿Qué tipo de planes? ―Siguió él con el cuestionamiento.

― Detalles ―Respondió ella dando un paso atrás, no soportaba la cercanía del señor Leblanc, la ponía demasiado nerviosa ―eso hace más creíbles las mentiras. Como en dónde viviremos cuando nos casemos.

― ¿Y en dónde será eso? ―Preguntó él sonriendo al verla alejarse.

― Su casa en la ciudad ―Dijo ella ahora si mirándolo a la cara y dándose cuenta que él la estaba pasando bien de ponerla nerviosa ―así podré trabajar en el hospital universitario. No tendremos hijos pronto, o no podría terminar mi tiempo en el hospital. Tendremos un matrimonio independiente, ni su familia ni la mía intervendrán, solo nosotros. Mi abuela le dará dote, la cual usted con su enorme fortuna guardará para dársela a las hijas que tengamos.

― Pues parece que tiene todo muy bien planeado, señorita Alcalá ―Rio él divertido.

― Debe comprender lo importante que es para mí terminar de estudia ―Expuso ella.

― Lo comprendo y lo noto, ¿Qué impedirá que sepan que esto es un trato entre nosotros? ―Quiso saber él.

― No lo diremos, será secreto ―Respondió ella.

― ¿y cuando sepan lo que la reina quería? ―Preguntó él.

― No le conviene decirlo, el rey jamás se pondrá de parte de la condesa considerando su… cuestionable reputación. Tengo entendido que el rey está muy enojado con la condesa por las habladurías al respecto ―Explicó ella.

Él se quedó callado por un momento sorprendido de que tuviera todo calculado.

―Traje el anillo de compromiso que mi padre le dio a mi madre, así será visible, además ―Habló ella al verlo callado y le mostró el precioso anillo de su madre.

― Ya veo, bueno, con todo listo, acepto ―Sonrió ampliamente él.

― ¿De verdad? ―Preguntó ella sorprendida.

― Sí, creo que es un pacto bastante beneficioso para ambos ―La miró con algo de malicia.

― Gracias, señor Leblanc, prometo no darle problema alguno ―Dijo rápidamente ella muy agradecida.

― Gracias a usted señorita ―Se inclinó él caballerosamente.

― Podríamos volver a vernos para hablar de nosotros y así sea más creíble frente a mi abuela ―Propuso ella muy alegre de que su plan funcionara.

― Claro, la veré mañana ¿A la misma hora? ―Preguntó él.

― Sí, a la misma hora ―Asintió ella.

― Hasta mañana, entonces ―Terminó él, tomó su mano y le dio un beso en el dorso para luego irse.

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