—¡Carlos, ¿qué demonios te pasa! Ya hemos terminado. Ve y haz que Viviana sea tu prometida.
Carlos frunció el ceño, como si no entendiera, y preguntó:
—Cuando he dicho que voy a casarme con Viviana. La única prometida que he reconocido siempre has sido tú.
Solté una risa fría y respondí:
—Si no le interesas, entonces, ¿por qué se probó mi vestido de novia?
Carlos, en cambio, pareció sentirse agraviado.
—Como no contestabas mis mensajes y había que tomar las medidas del vestido, ella tiene una