El problema no radicaba en el hecho de que Emmy fuera mi alumna, sino en lo que ella había empezado a sentir por mí. Desde aquella primera vez que la vi junto al buzón se metió en mis pensamientos, y tuvo un método muy inocente para seducirme.
─ ¿Adivina qué?
─ ¿Qué? ─le seguí el juego mientras conducía.
─Obtuve cinco en física, creo que ha sido mi día de suerte ─descansó su pequeña cabeza sobre el hombro del brazo con que sostenía el freno de mano.
─Bueno, no me sorprende, eres inteligente. Fe