La calle está llena de vida. El bullicio de la gente nos rodea y los vendedores ambulantes ofrecen sus productos, pero nada nos puede distraer. Nuestras miradas están entrelazas, pero James nota mi expresión sombría, poco después aparto la mirada de él, sintiéndome culpable. Me toma suavemente del brazo, obligándome a mirarlo a los ojos.
—Mía, ¿qué te pasa? —pregunta con preocupación—. Deberías estar feliz. A mi padre ya lo han detenido y ya no hay nada que nos separe.
Bajo la mirada, evitando