Observo las estanterías llenas de archivadores mientras Jud se sienta en la silla. Sostengo el sobre en mis manos, y mis dedos tiemblan ligeramente.
—No puedo abrirlo, Jud.
Jud, siempre ha sido la más decidida de las dos, se levanta, se acerca a mi y me quita el sobre de las manos con suavidad.
—Déjame a mí —responde, con una sonrisa tranquilizadora.
Rompe el sobre y saca una hoja de papel. Sus ojos recorren rápidamente las primeras líneas y su expresión cambia de curiosidad a sorpresa.
—¿Qué d