Cierro los ojos, la vergüenza me inunda bajo la intensa mirada de James. Él se acerca y se arrodilla a mi lado.
—¿Estás bien? Mía, por favor, háblame. ¿Qué ha ocurrido?
Lentamente abro los ojos y me encuentro con su mirada llena de preocupación. Al mirar alrededor, veo a Jud y a Nati, todos arrodillados a mi alrededor.
—Estoy bien —hago el amago para levantarme, pero James me detiene.
—No te muevas, la ambulancia está en camino. Es mejor esperar a que te examinen.
—De verdad, estoy bien, no es