Lo miro, lo miro y no puedo creer que estemos en mi despacho para intentar solucionar lo nuestro.
—Por favor, siéntate.
—Mía, quiero disculparme por cómo te traté el día que me enteré de que mi abuela estaba casada. Sé que no era tu secreto y lamento haberte echado de mi vida.
—Tú no sabes lo mal que me sentía por ocultarte tantas cosas, por ese motivo, siempre supe que nuestra relación tenía fecha de caducidad.
—No digas eso, yo te quiero.
—Yo también te quiero, pero a veces el amor no es suf