—¡Hostia puta! Pero, ¡qué pedazo de hombre!
—¡Jud!
—Lo siento, Mía, si te avergüenzo, pero es que está muy buenoooooooo —menciona Jud, riendo.
Mi amiga no tiene otra cosa que hacer, que lo mira de arriba abajo y después comienza a caminar rodeándolo para verlo mejor.
—James, lo siento mucho, ella es así —digo, disculpándola.
James, no duda ni un segundo, le responde a mi amiga, con un brillo travieso en su mirada.
—Puedes tocar si quieres.
Jud me mira con los ojos abiertos, y la muy sinvergüen