—Has hecho un buen trabajo, Arlet—la felicito su padre—. Seguramente tu madre estaría muy orgullosa de ti.
—¿Papá, tú crees que a mamá le hubiese gustado mi dibujo?
—Por supuesto que sí, cariño—la mano de Amaro acarició su mejilla—. Si hasta has ganado hasta un premio con él.
La sonrisa de la niña se ensanchó con inocencia.
—¿A mamá le gustaban los tulipanes?
—Sí, los amaba—respondió su padre con añoranza—. Y seguramente estos que dibujaste se convertirían en sus favoritos.
Arlet se despertó