Había sido una noche completamente diferente. Sus embestidas se habían vuelto más lentas y consideradas, y sus besos caricias tenues.
—Me gusta—jadeó, en medio de toda esa neblina de pasión—. Me gusta.
Cuando todo terminó, el hombre se acostó en la cama y la atrajo hacia sí, Arlet se acurrucó en su pecho y se quedó dormida. Pero no fue la única que cayó rendida en los brazos de Morfeo.
En la madrugada una serie de movimientos bajo su cuerpo la sobresaltó, Arlet se enderezó y miró a acompañant