La puerta de la habitación se abrió de golpe, haciendo que el corazón de la muchacha se acelerara por completo.
«¿Qué estaba sucediendo?», se preguntó, viendo al individuo que la observaba desde el umbral.
Un segundo, ese fue el tiempo que le otorgó para que asimilará que había llegado su final.
Inmediatamente, sus pasos resonaron como una marcha fúnebre, presagiando un terrible desenlace.
Moriría, pudo verlo escrito en esos ojos zarco, tan ardientes, pero al mismo tiempo tan helados.
Sin