“Dime, Arlet, ¿acaso te enamoraste de ese tipo?”
Las palabras de su padre seguían resonando en su mente. Arlet no paraba de negar a medida que más las recordaba.
Ahora estaba en una habitación bonita, tenía una amplia cama con flores y muchos peluches. Su papá seguía tratándola como una niña, como si con unos juguetes o cumpliendo sus caprichos, ella pudiese olvidarse de quién era en realidad.
—¡Eres un asesino, papá!—era lo último que le había gritado, antes de que la encerrara en la habitac