El rugido de las sirenas rasgaba el asfalto, mientras el auto de un hombre desconocido, zigzagueaba entre los callejones estrechos.
—Nos persiguen. Es la policía—notó el sujeto encargado de transportar aquel cargamento.
—Si nos atrapan será un problema—señaló su acompañante con genuino temor. Sabía muy bien que si los atrapaban, podrían descubrir la participación de Amaro en todo esto.
—Ni hablar, no nos pueden atrapar—dijo seguro de no permitir que los alcanzarán.
El auto siguió avanzando a