—¿Y en serio crees que existe la justicia?
—Yo creo que… creo que mi padre merece pagar por todos sus delitos. Él debería ir a la cárcel y…
—¿La cárcel? No seas tonta.
—Escúcheme, le estoy diciendo que…
—No, escúchame tú a mí—la voz y la expresión del hombre cambió, haciendo que su cuerpo se estremeciera de miedo—. La cárcel sería un destino muy apacible para alguien como Amaro; yo pienso traerlo a aguas más profundas, pienso arrastrarlo hasta los confines más abismales del infierno. Que sient