Rodrigo Mendez había sido protegido durante doce horas.
Doce horas era lo que había tardado Ernesto Valente en encontrarlo, sacarlo del lugar donde lo habíamos puesto, y devolverlo de una manera que comunicaba exactamente lo que pretendía comunicar: que ninguna protección que nosotros pudiéramos ofrecer era suficiente para alguien que él había decidido silenciar.
No fue en la casa del norte. Fue en una ubicación intermedia, una de las casas seguras de la red de Adrián que habíamos considerado