Un cuerpo apareció en su campo de visión, un hombre alto, cabello castaño, una sonrisa ladeada se coló en su rostro, aquella fragancia la reconociera en cualquier lado, ese olor a menta y esa fragancia dulce que lo acompañaba. La voz molesta de Fabio hizo retroceder a Ricardo y al mismo tiempo se sintió furioso, aquel hombre parecía su perrito faldero, siempre salvándola.
—¿Qué fue lo que dijiste? — Su tono era ameno y tranquilo, aunque por dentro hervía de rabia, sin duda Ricardo se llevaba el