Livia corrió hasta que la respiración se le volvió entrecortada, subiendo las escaleras a toda prisa.
Las palabras de Brown seguían resonando en su cabeza: solo quedaban cinco minutos.
Ese diminuto margen de tiempo no era suficiente para correr y pensar al mismo tiempo.
Todo lo que podía hacer era volcar cada gota de energía en sus piernas; su mente no tenía espacio para otra cosa.
“¡Maldición! ¿Por qué tengo que pasar por esto otra vez?”
¡Thud! Livia se estrelló contra la puerta, empujándola c