Liberándose de Damian, Livia sobresaltó a los sirvientes de la casa trasera. Apareció de la nada, con esa sonrisa brillante e inocente suya, saludando a todos los que encontraba a su paso por la planta baja. Algunos estaban ocupados trabajando, otros descansaban un poco antes del turno nocturno.
—¡Buenos días a todos! Solo paso por aquí… voy a la habitación de Kylie.
Sus palabras iban acompañadas de una sonrisa y una risa tan encantadoras como prohibidas. Más de uno apartó la mirada de inmediat