Dentro del probador—
—¿Te atreves a rechazar un regalo de la señorita? —Brown frunció el ceño.
—¿Qué? —Kylie se giró sobresaltada hacia Livia.
Livia soltó una risa desde su asiento—. Jeje, sí, Kylie. Soy yo la que quiere comprarte ropa. Elige lo que te guste.
Por fin, Damian había terminado su noble tarea: atar el cabello de su esposa.
—Perdón, señorita, fui una atrevida. Elegiré rápido.
—¡Brown! —llamó Damian justo cuando terminó su gran labor.
—Sí, joven amo.
—No seas tacaño. Ayúdala a escoge