Los suspiros de admiración escaparon del grupo en cuanto bajaron del coche y contemplaron la enorme propiedad.
Todos, excepto David, que ya había visto la majestuosidad del edificio por dentro y por fuera.
Desde la entrada, el mayordomo Matt y varias sirvientas estaban alineados, recibiéndolos con reverencias formales y sonrisas educadas.
—Wow… Livia sí que tiene suerte —murmuró Lisa, ajustándose el cabello y el maquillaje, mientras la envidia se filtraba en su voz.
—Lisa, mide tus palabras —ad