Silencio.
La sala privada se sentía sofocante. Kylie podía oír su propia respiración rebotando en el vacío. Inquieta hasta la punta de los dedos, fijó la mirada en el hombre frente a ella—el asistente Brown—quien estaba sentado perfectamente erguido, sin moverse un centímetro.
Iba en serio con lo de darle apenas diez minutos para decidir. Cada segundo pasaba con una lentitud tortuosa, dejándola sin aire.
Kylie, esta es tu oportunidad. Solo di que sí.
Sus instintos la empujaban a salir de ese di