—¿¡Por qué!? ¿Qué pasó?
El sonido de un vidrio estallando retumbó en la habitación. Los fragmentos se esparcieron por todas partes, brillando como diminutas armas.
Helena se incorporó desde el suelo, el cuerpo entero temblándole—de dolor, de rabia, de una impotencia absoluta. El odio en los ojos de Damian la había sacudido hasta los huesos.
¿Por qué Damian terminó así? ¡Maldita sea! ¿De verdad es por culpa de Livia?
—¡Ugh!
¡Smack!
Todo en su cuarto terminó patas arriba. El espejo del tocador se