Damian subió la manta hasta el hombro de Livia y depositó un suave beso en su frente. Ella ya dormía profundamente.
Le apartó un mechón de cabello con ternura.
—Duerme bien. Has sufrido demasiado en esta casa. Ahora me toca a mí… devolverte todo lo que te han hecho pasar.
Le dio otro beso en la mejilla. Sus pestañas temblaron un instante, pero no despertó. Damian sonrió apenas y se levantó de la cama.
—Joven amo —lo saludó Brown al otro lado de la puerta, ofreciéndole un vaso de agua fría. Dami